domingo, 10 de mayo de 2015

Mayra Couto la dulce Grace

Hablar con Mayra Couto es como conversar con una vieja amiga a la que la fama no se le ha subido a la cabeza. Es bastante madura a pesar de su juventud. Es que el cáncer de tiroides que padeció en 2013 le cambió la forma de ver la vida y ahora ella trata de vivir como quiere y haciendo lo que le dicta su corazón. Fue por ello que decidió alejarse de las cifras del rating y dejar su personaje de la dulce Grace Gonzales, de Al fondo hay sitio, la telenovela peruana que más éxito ha tenido en el país, para correr tras sus sueños y uno de ellos es ser cineasta.

El día que los televidentes se enteraron de la muerte de su personaje en la serie donde estuvo durante seis temporadas, el rating alcanzó cifras insuperables. En las redes sociales el comentario era general y al día siguiente el accidente en el que perdió la vida Grace, acaparó los titulares de los diarios, de las revistas y de los noticiarios peruanos, como si se tratase de algo real.

La actriz, que está lejos de considerarse una gran estrella de la televisión, sabe lo que es enfrentarse a la muerte. Luego de vencer al cáncer se siente distinta. Antes era renegona, todo le molestaba y no era feliz, hacía las cosas por los demás. “No me había dado cuenta de ello hasta que me enfermé. Hoy me amo mucho, disfruto cada uno de mis días, hago lo que quiero, así al capricho y ahora vivo feliz”, resalta.

La cicatriz que lleva desde su oreja derecha hasta debajo del mentón significa mucho para Mayra. Es una señal de que está viva, que venció al cáncer y asegura que no se avergüenza ni quiere esconderla. Es más, se molesta cuando pretenden maquillarla para evitar que se note, como si fuese un error. “Más bien la luzco con orgullo porque gracias a esta marca que llevo en mi cuello es que estoy viva”, afirma.

La joven actriz debe tomar de por vida una pastilla que hace las veces de la tiroides que le extirparon para combatir el cáncer y que al no tenerla le desencadenó hipotiroidismo, por lo que subió de peso, sufre de artritis en los pies y la memoria, la atención y la concentración le fallan. “De hecho se me olvidan hasta las preguntas”, dice entre risas.

Luego de la cirugía y de sentirse libre del cáncer, sintió la necesidad de hacer algo por la gente para que tenga la misma buena suerte de ella y vencer la enfermedad. De tal forma que buscó cómo ayudar y fue así como se convirtió en vocera de la Liga Contra el Cáncer en Perú.

Una nueva vida
Dijiste que ser parte de la liga es una de las cosas más importantes que has hecho, ¿es así?

Luego de hacerse pública la noticia de que yo había sufrido de cáncer, muchas personas me escribían pidiendo consejos como si yo fuera la especialista. Les decía que no sabía mucho, les contaba mi experiencia y aconsejaba que vayan al médico. Lo mejor de todo es que después me daban las gracias porque fueron al doctor y ya estaban sanos.

Esa sensación de ayudar a salvar una vida no tiene precio. Por eso estoy orgullosa y siento que ser vocera es algo muy grande para mí, porque de alguna manera logré lo que quería con mi vida.
Pasaste un momento difícil…

Tenía 22 años. El 31 de octubre de 2013 me detectaron el cáncer de tiroides y a las dos semanas me operé, me sacaron por completo la tiroides. Fue una experiencia dura, pero gracias a Dios, a mi familia y a mis amigos, pude sobrellevarla y salir adelante. Lamentablemente no estamos acostumbrados a chequearnos y es importante hacer controles continuos. Ahora trabajo para crear una cultura de la prevención para lograr que mucha gente esté como yo, que sigo viva, estoy sana y libre del cáncer.

¿No hay más riesgo?
Para nada, pero durante 10 años debo someterme a exámenes periódicos, cada seis meses lo hago y gracias a Dios, estoy sana.

¿Cómo descubriste el cáncer?
Estaba en la primera etapa y no era agresivo. Lo descubrí porque cuando comía, sentía algo que me presionaba la garganta y no me permitía pasar la comida normalmente y al tocarme sentía una especie de pelotita debajo de la mandíbula. Pensé que se iba a pasar en dos semanas, pero no fue así y por ello fui a varios médicos, hasta que un especialista de cabeza y cuello me dijo que podía ser cáncer.

¿Qué sentiste la escuchar la palabra cáncer?
Pensé que no era posible. Me hice los exámenes y no quise verlos para no sugestionarme sin necesidad. Esperé mi cita con el doctor y fui con mi mamá. Es fuerte escuchar que tenés cáncer. En ese momento no tuve miedo de perder la vida, porque creo que cada uno ya tiene un destino trazado y la muerte llega cuando debe llegar. Mi temor era irme de este mundo sin ser feliz, sin cumplir mis sueños y mis proyectos. Sentía que no podía morirme sin hacer una buena película. Y es lo que siento ahora, no quiero irme sin dejarles ese recuerdo para trascender y que a mi gente, a mi familia y a mi entorno, les quede eso como legado.

¿Te deprimiste?
No me lo permití, no le di lugar a la tristeza. Sabía que si entraba en depresión me iba a enfermar más, mientras que si estaba feliz mi cuerpo y mi sistema inmunológico iban a luchar con más fuerza contra la enfermedad, por eso no me venció el cáncer. Al contrario, me puse a cantar antes de entrar a la sala de operación. Decidí que iba a ser la mujer más feliz antes de operarme y entré a la sala con el símbolo de la paz. Cuando desperté de la operación abrí los ojos y pregunté: ¿esto es el cielo o la clínica? Ahí recién lloré, pero de felicidad. No podía creer que todo había salido bien y que la vida me estaba dando una segunda oportunidad, me puse más feliz. Por eso trabajo en la Liga Contra el Cáncer, tengo tanto que agradecer a la vida que necesito hacer algo por el resto.


Hubo secuelas en tu cuerpo...
Tengo hipotiroidismo y artritis en los pies, no puedo estar mucho tiempo de pie, mi voz se ha engrosado, subí de peso. La ausencia de la tiroides provoca cansancio, debilita el colágeno y pérdida de memoria y atención. Lo controlo con una pastilla y si no la tomo, no hay forma que me levante de la cama.

¿Debés realizar un tratamiento de por vida?
Sí, debo tomar una pastilla que hace las veces de la tiroides y también calcio cuatro veces al día. Necesito hacer deportes para prevenir el cáncer y controlar mi peso.

¿Cuántos kilos aumentaste?
Subí 10 kilos, y apenas bajé uno, pero eso no me quita el sueño; al contrario, me parece súper que el público vea que hay una actriz que está gordita y eso no desmerece en nada su trabajo y que ella misma se puede reconocer como una mujer guapa y talentosa.

¿Cambió tu alimentación?
No realmente, solo un poco, pero sÍ me provoca un helado o una pizza, me la como, no me privo de nada. Desde que tuve cáncer no hay forma de que haga dietas, esta palabra no existe en mi vocabulario, sí comida saludable. Ahora disfruto la vida y como lo que quiero, no todos los días, pero me doy mis gustitos.

¿Qué mensaje das a la gente?
Que vayan al doctor por lo menos una vez al año para hacer un chequeo preventivo, que no tengan miedo al cáncer porque no mata. El 95% de los casos, si son detectados a tiempo, se curan. Yo soy parte de esa cifra y quiero que más gente lo sea también. Como a la mayoría no nos gusta ir al médico, dejamos que este mal avance, pero le estamos regalando nuestra vida.

Tenés una herida de guerra...

Mi cicatriz es como una especie de J que va desde mi oreja derecha hasta debajo de mi mandíbula. Es grande, pero me llena de orgullo porque es como una herida de guerra que me hace recordar que vencí.

¿Qué cambió en tu vida después del cáncer?
Después del cáncer decidí hacer mis sueños realidad. Trato de meterme a todos los talleres que hay sobre cine, porque mi más grande anhelo es ser cineasta y estoy yendo tras ese sueño. Además, a partir del cáncer no me guardo nada. Antes me callaba y no expresaba mis sentimientos. Ahora no me guardo nada, lo digo Y no soy nada delicada, pero me siento liberada al decir lo que siento.

Fuera del escenario

¿Llevás primero el apellido de tu mamá?
Sí. No hay nadie más importante que Cecilia Couto; a pesar de que Gustavo Echevarría, su esposo, me adoptó hace unos tres años, uso el apellido de mi mami. Además, ella también era artista, y ha cantado durante muchos años. Lo dejó para dedicarse más al cuidado de mi hermanita Ivanna, de 12 años, y porque le encanta la cocina.

¿Cómo fue tu niñez?
Fue hace no mucho, creo que aún no dejo de ser niña (risas). Fue un poco turbulenta porque desde que yo tenía dos años mi mami tuvo que irse a Estados Unidos a trabajar para darme una mejor vida. Pasé esa época de casa en casa, primero con mi abuela materna, luego con una tía y después con otro tío. Honestamente no recuerdo muy bien cómo transcurrió ese tiempo, solo sé que con mi abuelita teníamos una relación increíble. Ella era una artista, le gustaba arreglarse, maquillarse y pintarse las uñas; era muy coqueta.

¿Y le heredaste algo?
Bailaba muy bien y quería ser actriz, de ella heredé su talento y de algún modo cumplí ese sueño que tenía.

¿Y tu papá?
Mi mamá, Cecilia Couto, fue madre soltera, y me sacó adelante ella sola. Preferiría no hablar de mi padre biológico, porque me parece que no tiene ninguna importancia. En todo caso, mi papá es Gustavo.

Él sí es un hombre maravilloso, me conoce desde los tres años, es una persona increíble, él cree y confía en mí, cada entrevista que sale sobre mí se emociona y se siente muy orgulloso. Cuando pasé lo del cáncer, estuvo a mi lado. Incluso cuando mi mamá no está de acuerdo conmigo, es mi cómplice. Además, él y mi mami me han dado el regalo más hermoso como es mi hermanita.

No puedo estar más agradecida con ellos porque me enseñaron que el amor existe, que la unión hace la fuerza, que uno tiene que luchar por sus sueños y que se puede llegar tan lejos como uno quiera y crea.

¿Sentiste la falta de tu mamá?
Hablaba todos los días con ella, solo que a veces necesitaba que estuviera a mi lado. La extrañaba horrores y fue difícil su ausencia. Mi vida fue un poco turbulenta, pero agradezco que haya sido así, porque de lo contrario no sería la persona que ahora soy. Mi mami es la persona más importante de mi vida. Si no fuese por ella, no hubiese estado en Al fondo hay sitio ni habría terminado mi carrera. No hubiese logrado nada de nada. Gracias a ella, soy lo que soy.

Se sacrificó por vos...
Totalmente. Por eso no le reclamo ni tengo nada que echarle en cara, ella fue a trabajar por mí, para sacarme adelante sola.

Es algo que no puedo creer que hizo, porque apenas tenía unos años más que yo, es tan fuerte ella. Creo que representa a muchas mujeres latinas que han hecho lo mismo y que tuvieron que salir al extranjero sacrificándose por su familia; son muy valientes y con una fuerza increíble.

¿Venís de una familia de escasos recursos?
Los escasos recursos vinieron justo en la época en que yo nací, en la década de los 90. Nuestro país estaba saliendo de la etapa del terrorismo, no había trabajo, estábamos en una terrible inflación durante el Gobierno de Alan García. Había escasez justo cuando llegué al mundo, entonces durante los primeros años de mi infancia. Además era hija de madre soltera y sacarme adelante fue muy duro, pasé por cinco colegios y me gradué de uno del Estado.

¿Cuál fue la mejor lección de tus padres?
Que todo es posible si confiamos en nosotros mismos.

Ama intensamente

¿Sos tímida o extrovertida?
Soy tímida socialmente, no me gusta ir a reuniones, me cuesta hacer nuevos amigos y socializar, pero si tengo que reclamar algo o decirle al chico que me gusta, lo hago.

¿Estás enamorada?
Sí. Tengo una relación de dos años y medio con Janncarlo Torrese, que es muy bonita, feliz y pacífica, y estoy muy bien con él.

¿Será el papá de tus hijos?
Uno siempre se proyecta y él tiene una conexión muy especial y me encantaría convivir con él y casarnos, pero no ahora, soy muy joven aún. Primero quiero viajar, estudiar y realizarme profesionalmente.

¿A los cuántos años crees que es la edad ideal para casarse?
Cada mujer elige cuándo quiere casarse y convertirse en mamá. Puede ser a los 20, a los 40 o a los 50. No creo que haya edad específica.

¿Y para vos?
Casarme no me quita el sueño, sí ser mamá, y quiero serlo a los 28 años, que fue la edad a la que me tuvo mi mamá, pero es algo personal. Uno proyecta algo, pero quizá la vida dá vueltas y por ahí a los 28 aún sigo soltera y no suceda lo que planeé.

¿Qué estarías dispuesta a dejar por amor?
Tendría que ver la situación. Soy una mujer que ama con mucha intensidad, quizá dejaría mi país, pero no estaría dispuesta a dejar mi carrera por amor. Creo que el amor no te obliga a dejar nada.

¿Sos una chica muy activa?
Sí. No sé cómo me doy tiempo para todo. Ahora estoy dirigiendo mi obra de teatro, planeando mi stand up comedy, paso clases de dirección, de comedia y de baile, voy al gym y con mi productora Muñeca de trapo hago trabajos para diferentes empresas también y estoy con dos grandes proyectos de los que no puedo adelantar nada todavía. No paro todo el día.

¿Te gusta estar a la moda?
Para nada. Soy una persona que no le gusta vestirse muy ‘in’, al contrario, siempre estoy cómoda con un buzo, zapatillas y listo. No me gusta tampoco usar maquillaje.

No más Al fondo hay sitio

¿Murió nomás Grace?
Sí. Estoy en otros proyectos y Grace ya se despidió de su público.

¿Hay posibilidad de volver?
Creo que no las hay, la ficción siempre está, pero es muy difícil.

¿Qué pasó para dejar la novela que te catapultó a la fama?
Entré a la serie a mis 17 años, ahora tengo 23. Acabo de graduarme de comunicadora, pero tengo la necesidad de estudiar Cine, ahora estoy en Dirección de Teatro, y me falta poco para terminar y como me gusta mucho la producción, pedí un poco de tiempo para poder seguir con mis proyectos personales, pero me dijeron que no.

Y como la novela me iba a demandar más tiempo, decidí dar un paso al costado para correr tras mi sueño de ser cineasta, por ello me postulé a la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños en Cuba. Estoy esperando la respuesta. Si se da, estaré tres años fuera de Perú.

¿Dejarás todo?
Sí. Creo que es muy difícil estudiar y al mismo tiempo trabajar o grabar películas o series. Es momento de darle prioridad a mis estudios y la carrera de cine demanda más tiempo. Es algo que me apasiona y que quiero hacer.

¿Soñás más con dirigir que con actuar?
Me gustan las dos cosas. Actuar cuando se trata de un buen director o un personaje tan lindo como el de Grace, pero la dirección me atrae más porque el director decide qué historias quiere contar.

¿Pensabas culminar el ciclo de Al fondo hay sitio?
Nunca pensé dejar la serie, incluso hasta el año pasado creía poder estudiar y trabajar, pero no fue así. Tampoco me gusta la idea de no estar más, los extraño demasiado, fueron seis años de compartir trabajo, experiencias, juegos y charlas interminables, éramos como una verdadera familia. Pasaba más tiempo con ellos que en mi casa.

Ha sido maravilloso haber sido parte de la serie y les agradezco desde el fondo de mi corazón y aunque me da mucha pena, estoy feliz y me gusta mi nueva vida, porque puedo abocarme a mis proyectos como productora. Me emociona explorar otra faceta que no conozco de mí.

¿En qué se parece Mayra a Grace?
Grace, al igual que Mayra, es una buena hija, es una gran madre y espero poder ser igual. Soy muy maternal, creo que eso se lo di yo al personaje, porque me muero por los niños y por ser mamá, en algún momento de mi vida, no ahora. La relación que tiene Grace con su mamá es parecida a la que tengo con mi mami. Grace es como yo a los 16.

¿Creés que la salida de Grace pudo afectar el rating?
Para nada. Creo que si baja es por los años que lleva en el aire. Además, también hay mucha competencia.

Es pronto para sacar conclusiones, pero ¿valió la pena dejar la serie?
Primero pensaba que me había equivocado y que estaba haciendo las cosas mal, pero ahora me siento plena. No hay nada mejor que decir: “Puedo estar equivocada, pero lo hice porque lo creí”. Es gratificante despertarme a diario y hacer solo lo que deseo hacer. Me siento en paz.

¿Cómo fue tu despedida?
Fui al estudio de grabación a verla con todos mis compañeros, lloré mucho, mucho, abrazada a mi mamá Charito (Mónica Sánchez). De hecho hacía años que no lloraba tanto. Sentí que fue un honor que hicieran casi todo un capítulo dedicado a mi personaje. Fue muy triste, pero la vida es así, el destino lo escribimos nosotros. Estoy muy agradecida con los productores de Al fondo hay sitio, porque la novela llegó a mi vida para darle brillo, alegría y felicidad.

¿Mónica (Charito) ha sido tu segunda mamá?
Cuando entré a la serie, tenía 17 años; como todo adolescente, tenía mis conflictos, y Mónica ha sido como una segunda madre, tanto así que no la llamo por su nombre, sino de mamá. Obvio que mi mami en la vida real es todo para mí, pero Mónica me hizo reflexionar sobre muchas cosas y me ayudó a madurar. Es una mujer profunda.

¿No hay celos de tu mamá?
No, porque sabe que la relación que tengo con ella no se compara en nada. Mi mami también quiere mucho a Mónica.

¿Era tu sueño de niña actuar?
De hecho no. Cuando comencé a salir en televisión en 2008, la gente me decía: “es tu sueño cumplido”, ‘“sabía que ibas a terminar actuando”, pero la verdad es que nunca pensé ser actriz, sino pediatra. Cuando se me presentó la oportunidad de hacer un elenco de baile, me enamoré del teatro. En el colegio me enseñaron a editar, hacer videos y spots, me apasioné y decidí que no iba a ser doctora sino comunicadora, luego fui descubriendo el apasionante mundo de la actuación y decidí que sería actriz.

¿Cómo ves la fama?
Lo bueno es que te cotiza mejor en el medio y que se puede ayudar a la gente. Lo malo es la intromisión en la vida privada de los actores, nos juzgan por todo y muchas veces sin razón. No busco fama, menos busco escándalos y mucho menos quiero que me paguen por dar una entrevista. Eso no va conmigo.

¿Cine, televisión o teatro?
Cine, definitivamente, creo que es lo más poético y lo más artístico. Es mi sueño producir y dirigir una película y tras ese sueño ahora corro

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